Infertilidad secundaria: cuando el hermanito no llega

Desgraciadamente la infertilidad está a la orden del día. Según los últimos datos, la infertilidad afecta en España a una de cada seis parejas y las cifras van en aumento.

El 3% de los nacimientos en España proviene de técnicas de reproducción asistida.

La comunidad científica apunta a estilos de vida poco saludables, el retraso en la edad de concepción y a factores ambientales, como la contaminación, entre algunas de las posibles causas.

Pero en lo que a infertilidad se refiere, hay un término menos conocido para todos y que además resulta muy incomprendido: es la infertilidad secundaria.

Cuando ya tienes un hijo ni te planteas que no vayas a poder tener otro, simplemente lo das por hecho.

Esperas el momento que crees más apropiado, “ahora que el primero ya está grandecito y ha dejado los pañales”, o quizás, “ahora que aún es bebé y así los tengo seguidos”… pero van pasando los días, los meses, incluso los años y una realidad te va inundando, esa realidad que te da una bofetada en la cara: no puedes volver a concebir, no puedes creerlo.

Después de un tiempo más que largo, pides cita al médico de cabecera que, tras decirte “tranquila eres joven” y mucho insistir por tu parte, te manda al ginecólogo.

Ahí es cuando llega la segunda bofetada de realidad: “siento decirte que no puedo ayudarte”.

“… Lo tuyo se llama infertilidad secundaria. Nuestro sistema de salud público no lo cubre, puesto que ya has tenido un hijo. Lo siento pero no podemos hacer nada por ti, busca ayuda privada…”

Y tú, que ni te habías planteado una inseminación artificial pagada por la Seguridad Social, ni mucho menos una fecundación in vitro… tú que sólo habías ido a la consulta por si había algún medicamento, alguna indicación médica o tratamiento básico que te pudiera ayudar, sales de nuevo abofeteada, porque ni si quiera para eso te tienen en cuenta.

La incomprensión viene de todos lados, hasta de uno mismo. ¿Qué me pasa? ¿Es que no es suficiente mi hijo para mí? No tengo derecho a estar así.

Y mientras el resto de amistades van aumentando sus familias, tu hijo sigue creciendo.

Las personas de alrededor, incapaces de imaginar tu situación como en muchos otros casos, hacen comentarios… “¿Para cuando el hermanito?” o peor “¿No te da pena dejarlo solo?” (como si no tuviera ya una familia y padres que lo adoraran) o mucho peor “¿No quieres un hermanito??? (sin comentarios).

La búsqueda en estos casos llega a ser extenuante. Cuando se está pendiente de lo que diga un calendario, o un test de ovulación, se convierte en una imposición que acaba por exasperar a la pareja.

A veces piensas que puede ser que la naturaleza no quiera que tengas otro bebé, ¿será mejor así?

Sea como tenga que ser, sabes que a tu hijo no le falta nada, será feliz con unos padres que le quieren.

Como yo lo he sido.

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